Diario de una milonguera (todo al 2 4 de mayo)
EL BAILE DE LA ARRASTRADA Me enamoré y después supe que era nazi. O se creía. Mis amigas judías no le dieron importancia. Yo desconfiaba. ¿Qué hiciste hoy? ¿qué estabas haciendo cuando te llamé? Ahora me animo a ir a la milonga sola, a la vespertina. Me siento en la fila contra la pared, detrás el gran espejo, una mesa dos sillas (una de cada lado), otra mesa otras dos sillas. Ahí estamos las mujeres, los hombres al costado, como en una platea. De noche, en cambio, voy con el del auto. Hoy sentí el calor de tu pecho, me dijo. Me reí. Aprovechó la esquina con sombra, una arboleda vieja que caía sobre las bolsas de basura y me tocó con avidez. Yo estaba en otra. -Si fuera más callado podría invitarlo a reuniones, le había dicho a Sandra. ¿Pero qué hago si se da cuenta de David? _No hagas caso, en esta época no es problema. El hombre piensa una cosa y la mujer otra. _Qué no, van a creer que yo también soy nazi. Salí, dejame, le dije al del auto, riéndome. El fantasma d...