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El Yo de las poetas: María Julia Magistrati

Un poema de María Julia Magistrati (del libro Alasitas, 2004), ofrece una versión personalísima del mismo engranaje de negaciones y antagonismos que aparece en "El Yo de las poetas" y otras entradas anteriores. En este caso, la oposición es entre lo humano y lo animal: Alasitas VII de la mosca a mí hay caminos divisiones señales que ni la mosca ni yo entendemos, por eso peligramos una de la otra. porque nos acechamos así, atrofiadas y solas como cuando yo volaba y ella tenía branquias y entonces, como ahora, anhelamos ser humanas. A diferencia del lugar de frontera que postula Amelia Biagioni desde su Yo poético (que conduciría a la Unidad de los opuestos), en este poema el Yo de la que habla se asienta en el lugar de la negación, (mosca-mujer, lugares intercambiables); de este modo se niega la oposición misma. La conclusión no llega a ninguna síntesis sino que se afirma negándose: la mujer como no humana, tal vez como no hombre, sí, la negación del hombre como especie racion...

El duelo del tango y la voz de la mujer

Vuelvo a la idea -tan difundida (ver acá )- de que el duelo a cuchillo entre malevos, expresión de una rivalidad no contenida por la ley de la ciudad en cierne, fue una ceremonia iniciática de la virilidad propia de la vida rural trasplantada a los suburbios de Buenos Aires. Los hombres disputaban por cualquier cosa, por la pelea misma, y sobre todo, para ganar a una mujer. A principios del siglo XIX las mujeres escaseaban en Buenos Aires (había seis mil prostíbulos para millares de hombres solos, migrantes) 1 . Más tarde la población femenina aumenta paulatinamente (hay casamientos a distancia, las novias llegaban al país sin conocer a sus maridos). Entonces las autoridades protegen a las mujeres que forman familia, se prohibe la llegada de mujeres solas y la cruzada por el disciplinamiento de las costumbres no puede concretarse sino por el aislamiento riguroso de los sexos 2. Aunque en la actualidad se dan proporciones inversas (más mujeres que hombres) el esquema del...

Poemas de Calle Adentro

CICLISTA Circulando un espacio sin protección el hombre en bicicleta atropella la tarde. Tomado del manubrio, el círculo de metales y brazos descarga un eje vertical y lo desplaza calle tras calle. La humareda invisible del aliento y el gas envenenado pesan y se remueven al pie en el giro veloz de los pedales. Mensajero y mensaje, recorrido por zanjas, playones de cemento, esquinas alineadas donde aletea el semáforo, su luz intermitente. Las horas como rayas pintadas sobre el asfalto marcan el cuerpo inmóvil que palpita en el asiento y zigzaguea el destino que le imponen los autos, las motocicletas, los peatones, rodando un tiempo circular mientras avanza por la calle recta. TODO/EMPANADAS Hoy, un grupo de chicas y de chicos disfrazados de empanadas gigantes irrumpió en la esquina. Bailoteando sobre las rayas blancas del asfalto coincidían con la señal roja del semáforo. La realidad ...

Hugo Caamaño, selección de poemas

"... Tiempo lleva oculto y enfrentado a un país al que interroga, ajusticia y ama hasta que los hombres, hasta que el mismo dios, le rinda cuentas a compasión indignada. La poesía lo eligió: radiante para juzgar su época y centrípeto hasta la metamorfosis para develar los disfraces del universo. Y le dio un lenguaje hambriento, que cambia de filo corno una espada a cada percepción, a cada movimiento. Ese poeta, ese gran poeta es Hugo Caamaño. Aquí están todos sus poemas reunidos. Ahora sabemos por qué muchas veces la poesía se iba sin asentarse nunca. El mismo que la expulsaba con su vehemencia, la imantaba con su conocimiento. Ahora en este libro es de todos ese abismado secreto. Esta columna con los ojos en la tierra y la raíz en los cielos que late, definitiva, en la mejor poesía de América Latina." Leopoldo Castilla S obre el escribir No digas que estás agotado. No es así. Tu anhelo de vivir es tan ardiente como el del primer día de la Creación. Pero sufres de un mal,...

Poemas de Santiago Sylvester

De Libro de Viaje (1982) La profecía Todas las tardes después de las cinco las calles de Nueva York humean, tiran vapores a la gente, y es inútil que alguien diga son las cañerías porque el humo se desentiende de su origen, flota sin errores y se expande como una convicción. Dos horas después, en Christopher Street, un hombre deja un estuche sobre el suelo y cambia por monedas fragmentos de música. Dos hechos aislados, unidos por la casualidad, pueden cumplir la profecía: Cuando la ciudad hierva como un caldero sobre el fuego hablará el ángel de la voz de muchas aguas, entonces el cielo se enrollará como un toldo y ninguna razón perdurará. Pero dejemos las palabras enormes y durmamos en paz: el mundo sigue por ahora. En otras ciudades también hay humo y motivos para la música, y no es seguro que el apocalipsis comience en Nueva York (ni en Babilonia, Nínive o Roma ardiendo) porque ninguna otra ciudad es accesoria, ni la música es patrimonio de los ángeles, ni es fácil que una distracci...

Poemas del agua

POEMAS DEL AGUA LA MUERTE Y EL AGUA El agua es larga porque se difunde. Antes que el terror de volcarse la acaban los que beben. Ella no puede terminarse sola y el miedo de caer flota en el agua. Se vuelve el agua al agua en la compuerta. Ha olvidado e hizo de sí misma un juego cuando es ola y una; pero el agua es muchas. El olvido en ella flota dichoso pero aislado. Es una y muchas como el agua la gente. Al río no le basta un solo lecho, es más extenso que su cuerpo. Alguien que parte en dos el pan no sabe si ha comenzado a amar o si ha comenzado cuando alguien lo amaba. ¿Se inició en ella, el agua, o en el saber borrar que tiene? ¿O en su debilidad para impedir que el agua caiga? Borrar y olvidar y temer tanto es peligroso: el agua está cansada. Ella quiere acabar y se nivela pero todo lo borra y gasta menos la memoria obstinada que de ella la tierra guarda. Para ser olvidada antes de morir el agua ...