Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como tango

Cielo de tango, de Elsa Osorio

CIELO DE TANGO De Elsa Osorio En la novela de Elsa Osorio la voz del Maestro –a la manera de un chamán porteño_ tiene nombre sudamericano: es Tango, el relator, que nos convoca hablándonos en segunda persona, como si nos conociera. Porque el Tango de este libro es un lugar y al mismo tiempo un personaje que hace de narrador omnisciente y sabe de nosotros -los lectores y los personajes de la novela-, lo que nosotros mismos ignoramos. Contando “nuestra” historia, comprendiéndonos y perdonando nuestros pecados como una madre tanguera, nos envuelve en un abrazo, abarcador de la historia argentina y del drama individual de tantos seres dispares que, en la ficción y la realidad, se encuentran en un revoltijo de camas, negocios, ideologías, milongas, sueños, ambiciones, amores y destierros. Lo curioso es que la voz de Tango encarna cierta sabiduría esotérica expresándose a la manera de un guía en el camino del conocimiento: habla de todo, opina, aconseja, provoca, evocando la experiencia dram...

Diario de una milonguera (todo al 2 4 de mayo)

EL BAILE DE LA ARRASTRADA Me enamoré y después supe que era nazi. O se creía. Mis amigas judías no le dieron importancia. Yo desconfiaba. ¿Qué hiciste hoy? ¿qué estabas haciendo cuando te llamé? Ahora me animo a ir a la milonga sola, a la vespertina. Me siento en la fila contra la pared, detrás el gran espejo, una mesa dos sillas (una de cada lado), otra mesa otras dos sillas. Ahí estamos las mujeres, los hombres al costado, como en una platea. De noche, en cambio, voy con el del auto. Hoy sentí el calor de tu pecho, me dijo. Me reí. Aprovechó la esquina con sombra, una arboleda vieja que caía sobre las bolsas de basura y me tocó con avidez. Yo estaba en otra. -Si fuera más callado podría invitarlo a reuniones, le había dicho a Sandra. ¿Pero qué hago si se da cuenta de David? _No hagas caso, en esta época no es problema. El hombre piensa una cosa y la mujer otra. _Qué no, van a creer que yo también soy nazi. Salí, dejame, le dije al del auto, riéndome. El fantasma d...