Diálogos con Agustina
Agustina es psicoanalista y escritora, practica tango y otras danzas además de tai-chi-chuan, es madre de dos hijos adolescentes y compañera de algunas prácticas de tango. El intercambio de mensajes se hizo por correo electrónico. Lo reproduzco como parlamento. Primera serie:
Agustina: Hebe, tu texto me resultó una escritura impecable, y movilizadora, en cuanto moviliza lo diferente en mí. Comparto algunos conceptos como el de que "no se siente hasta que no se canta", que dice, en términos de la voz, lo que ocurre con el cuerpo y con la palabra. Mi idea sobre el tango es algo diferente: la supuesta "sincronía", que en parte está dicho en el texto, no es entre esos dos cuerpos que se mueven juntos, sino con algo tercero que está fuera y que permite la ilusión de la armonía durante esos tres minutos. Es algo distinto para cada uno, y posiblemente inadvertido.
Hebe: Yo también creo que es algo, lo que se crea, que supera a ambos, pero que no puede producirse si uno de ellos está en otra cosa. Esa terceridad es producto de la cooperación, del algún modo, estar solos, en nosotros mismos, y con otro que también está a solas consigo, llevados ambos por una tarea, hacer tango, ser tango. Por eso que bailar sola es bailar con fantasmas. A mí, en particular, me sucede que reconociendo al hombre, por mucho que se trate de personas muy diferentes de mí (hombres que difícilmente hubiera elegido, de poder hacerlo), de todas formas bailar me parece una oportunidad para crear, sentir ese borramiento del yo, entrar en otra cosa que llamamos pareja pero que, en este caso, sucede entre pares, hay emparejamiento.
Agustina: Tenés razón con eso de que están haciendo algo juntos, los dos dedicados a lo mismo. Me ha pasado, mirando a algunos bailarines de folclore, donde (para mí) hay mucho más juego de miradas y recorridos, de acercamiento y alejamiento que en el tango, que me ha hecho sentir la emoción de que son una pareja. Que ellos allí se comprenden, que son totalmente fieles, afines, adivinan al otro, mutuamente. Es decir ¡una pareja! Ideal, claro, la pareja, que de otro modo que no sea bailando, no existe.
Hebe: es para charlar mucho lo que me comentás, porque en el folklore está prescripta la actitud, los movimientos pautados, y se prescriben esas miradas, ese requiebro, son parte de la técnica. Es hermoso, por supuesto, es la representación, la puesta en escena de una pareja ideal que nunca se sostiene, aunque haya momentos de inicio, en durante el enamoramiento, en los que se hacen esos gestos. Es la figura del amor, su esencia. Pero en el tango, todo eso no es visible ni se representa, se hace. La técnica te lleva a conectarte con el otro y emocionarte, evocar el amor, bailarlo. Es un acto existencial. Es más, ni siquiera son miradas (aunque hay gente que pone caras de embeleso, a propósito, como actuando). Lo que pasa en el tango es invisible, se siente en el pecho, tal vez casi en el comienzo del estómago, como si alguien te presionara. Es que hay un momento en que –en algunos casos- eso sucede, como si se ligaran los cuerpos con una suerte de cordón umbilical y luego, al separarse, durante las vicisitudes de la danza, ese cordón siguiera manteniéndose. Nosotras somos responsables de mantener el pecho enfrentado al hombre, que ese vínculo no se corte, no se pierda, que no se desconecte la magia. ¿Es raro lo que te digo?
Sostiene Dinzel que la pareja de tango provoca un rencuentro también con la madre, desde la diferenciación marcada de los sexos (para ambos) ya que el diálogo es preverbal. (Habría que leer a Kristeva.) No es una representación, hay una cierta energía orientada hacia el otro, imaginate que hay una electricidad que se enchufa, se conecta y lo hace con la forma macho-hembra, así como sucede en la práctica al enchufar un aparato en el toma corriente (Dintel dixit). Puede que la biología o la neurobiología lo explique (lo supongo en la entrada “No tengo imaginación. O no la uso…”); tal vez no se trate de magia sino de una corriente de energía que moviliza en ondas nuestro cuerpo vivo, algo que se siente y es placentero, por no decir apasionante. Y tan reprimido como real, porque en nuestra sociedad estuvo siempre prohibida la manifestación de lo materno, la expresión de lo femenino, esa comunicación inmediata, corporal, sensible que existe entre madre e hijo, anterior a la palabra. Sin embargo, el arte depende de los lenguajes preverbales tanto como del lenguaje verbal, provoca, en el artista/espectador/lector, esas experiencias originarias, aunque en otro plano, y nos conduce a cierto tipo de conocimiento (el tercer nivel, según Spinoza), que hace posible la creación, la pisque creadora, como le dicen los que actualmente están estudiando estos temas.
En el folklore, y en cierto estilo de baile de tango donde se baila a distancia y mirándose a los ojos, se expresa ese contacto que simboliza al amor como ternura y deseo; es un juego, un “como si”, que el espectador interpreta como lo que es, un acto simbólico y deliberado, una re-presentación.
En el tango, en cambio, la pasión se convoca, se dramatiza, es existencial, se la expresa y se la provoca improvisando esquemas de danza (aunque no siempre se lo consiga). Es la invención de lo inesperado lo que permite el salto del umbral, lo que lleva al hombre y a la mujer a expresarse y reinventar los roles estereotipados de macho/hembra, dominio/sumisión que parodia la danza, liberándolos
En realidad, esto no pasa deliberadamente, no es una destreza, algo que pueda aprenderse en las clases ni en las academias. Lejos de eso, sucede rara vez .Pero la técnica te pone “en situación”.
Sin embargo, muy a menudo hay actitudes en el abrazo que implican rechazo, miedo al estallido de la emoción y que son involuntarias. La excesiva rigidez del hombre, la “marca” enfática, la cintura quebrada hacia adelante, como escondiéndose, el pecho hundido, la cabeza inclinada y la mirada en el piso, controlando los movimientos de la mujer. O la impaciencia, por ejemplo, cuando siente que se equivocó en la elección de pareja y está esperando que se acabe la pieza para librarse del compromiso; o cuando hace que la mujer se equivoque, tendiendo trampas, rivalizando, poniéndola a prueba.
En nosotras, en cambio, el miedo y el rechazo se manifiesta en la postura del cuerpo, en la tensión involuntaria, no entendemos la marca, nos distanciamos y retaceamos el contacto con el pecho, o bien reclamamos un tiempo y un espacio excesivos para hacer adornos y firuletes, etc. A veces es difícil aceptar una corriente de energía que podría ligarnos a un hombre al que no hemos elegido, cosa que puede pasarnos en la milonga (donde exhibimos públicamente nuestra carencia de hombre: ahí, al menos, estamos solas, esperando, y nos ponemos a disposición del deseo del otro, lo deseamos, lo incitamos). Pero a la vez, tememos el contacto cuerpo a cuerpo, aún cuando hayamos consentido en bailar con ese compañero en el momento en que vino a “sacarnos” y fuimos “la elegida”.
Pese a las prevenciones y rechazos, si el vínculo energético se siente en determinado momento entre los dos y se sostiene, aún separándose para hacer las figuras, una puede sentir una seguridad especial, la de no estar a la deriva en el mundo, tener madre, ser madre y que el mundo, el hombre y nosotras, estemos en una suerte de simbiosis (¡horror lo que digo!) como la que se sueña cuando se tiene fe en dios, por ejemplo, o en el tao o en un líder político o en un señor providencial que nos va a proteger (¡je!) y solucionar todos los problemas. Y somos nosotras mismas las que nos agenciamos esa comunión con el mundo, no viene de un príncipe azul (para las mujeres) ni de una diosa (para los hombres). Somos nosotras con un hombre; no sirve bailar sola.
Segunda serie:
Agustina: ¿Qué tal Hebe? Voy a contestarte, un poco, sin releer la carta que me escribiste, a esas primeras impresiones que me produjeron tus palabras. Parto de un concepto: "no hay relación sexual". Me llevó muchos años comprender esto, que tomo de Lacan. Unos veinte años. Reflexión sobre reflexión, lectura sobre lectura, experiencia sobre experiencia, y en un momento dado, empieza a aparecer cierta claridad. Por eso es que difundir estos textos masivamente podría traer mayor cantidad de malentendidos que de entendimientos; te contesto a vos, de quien conozco lo que me has dicho hasta ahora. Que no hay relación no quiere decir que no haya cópula, o que no haya orgasmo, sino que no hay coincidencia, no hay encaje, no hay ese "uno con el otro"; hay encuentros, hay contactos en un punto.
Llevándolo al tango, y en forma privilegiada (cosa que no ocurre en otras danzas) se tiene la percepción, cuando se dan los elementos necesarios, de que SÍ HAY RELACIÓN en ese intervalo de 3 minutos que dura la pieza, y eso es lo que lo vuelve tan especialmente placentero. Porque el ser humano todo el tiempo busca éste "hay relación". Y en este aspecto, pareciera que las mujeres están más próximas a saber que no la hay (inconscientemente); de ahí que arman su fantasía con respecto al amor; en cambio los hombres arman una fantasía más referida a la cópula (también inconsciente). Por eso, tantas veces, este anhelo no dicho (a veces dicho): ¡si las mujeres pudieran sentir como un hombre!, ¡Si los hombres pudieran sentir como una mujer!... y seríamos todos felices!
Y tal como vos decís, con respecto a la aplicación al aprendizaje; todos los saberes acerca de la técnica, el ritmo, las figuras, el sentimiento que produce la música, la capacidad de percibir donde coloca el peso la pareja, cuál es el movimiento que va a iniciar, la relajación muscular, el vacío de pensamiento también, colaboran en forma superlativa para lograr esa pequeña gran armonía. Y también aquí interviene la cuestión de que lo más externo es lo más interno, como en el tracto digestivo, donde toda la superficie desde la boca hasta el ano es exodermo, la capa superficial de tejido en el embrión primitivo. Lo que sería lo externo de la técnica alcanza los niveles más profundos del sentir. Y en el caso del tango es entre dos, así como en el Tai-chi-chuan es en uno mismo.
Encuentro muchos puntos de contacto entre lo que vos decís y lo que yo pienso, y que no sé si expreso en forma comprensible. Hasta el próximo intercambio, y muchos cariños.
Hebe: Querida amiga, ya siento que te voy conociendo y me interesa mucho lo que escribís. Conozco a Lacan –de oídas-, cierto, y estoy de acuerdo con que, en el imaginario (¿o lo real? Digo al garete…) no hay coincidencia. Pero yo acabo de terminar el libro sobre Spinoza, de Deleuze, es apasionante. No podría decirte más, pero desde el punto de vista filosófico, sí se ve que no solo hay relación sino que es lo único que hay, a cierto nivel. Acabo de volver de El Arranque, bueno, los hombres abrazan para ir a la cama, es totalmente cierto. Sin embargo, se ponen románticos, como si el embeleso que suponen en nosotras los estimulara para sentir algo emocionante, de tipo espiritual. “¡Yo me enamoro!”,escuché que suspiraba un bailarín, abrazando a su compañera. Creo que sí, algunos se enamoran varias veces al día. En fin, a la larga, todo esto no deja de ser cómico (el desencuentro, digo). Por lo menos, yo me río. Me cuentan historias, tanto los hombres como las mujeres. Ahí bailo con dos caballeros (de mi edad, es lógico), los demás no me sacan. En fin, estoy investigando y de paso, junto una colección de piropos con puñalada. Luisa Valenzuela dice que los llame “piropos traperos”. Por ejemplo: “Yo soy mucho mayor que vos, pero no se me nota porque no tengo arrugas...” ¿Qué te parece? Bueno, insisto: quisiera poner estos diálogos en el Correo lateral de mi blog, ¿Te incomoda mucho? Fijate y pensalo, un beso grande.
Agustina: veo que irás a salir con la tuya porque trabajás mucho y escribís mucho. Un pequeño comentario sobre el tema de la relación. La relación que sí hay, desde mi óptica, es con un objeto tercero, lo que brinda alivio y placer al intercambio (digamos, felicidad). Así como cuando dos personas están charlando o haciendo algo, por ejemplo. escribiéndose correos sobre tango, eso que para cada una de nosotras nos convoca, nos mueve es el tango, (quizá la escritura también, que para cada una evoca algo muy distinto) y, sin embargo, aquí estamos, escribiendo sobre él.
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