La insistente, soneto de H. Solves

Se negó a la amistad, estaba atada

por el ritmo insistente de la vida

en común. Como una casa limpia

de tierra y tiempo, donde nada pasa.


Ni siquiera dejó un papel escrito

que marcara sus lunas o las cuentas

del debe y el haber, sólo los hilos

de una red que tejió con hebras sueltas.


A veces pienso que está viva, tanto

que ni se nota entre las cosas, como

antes. Su nombre indiferente al canto


y a los hombres es una hierba mala.

Y soy la misma que ella en el asombro

de no estar, no saberme, no ser nada.

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